martes, julio 07, 2009

Una imagen de esperanza

Era día de Preparación, es decir, víspera de sábado. Por eso, al atardecer, José de Arimatea -miembro notable del Sanedrín, que también esperaba el Reino de Dios- tuvo la audacia de presentarse ante Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús.
Pilato se asombró de que ya hubiera muerto; hizo llamar al centurión y le preguntó si hacía mucho que había muerto. Informado por el centurión, entregó el cadáver a José. Este compró una sábana, bajó el cuerpo de Jesús, lo envolvió en ella y lo depositó en un sepulcro cavado en la roca. Después, hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro. (Mc 15, 42-46)

 

Hace un tiempo ya que al meditar la pasión me detengo en la figura de José de Arimatea, sobre todo en el contexto del Evangelio.

Todo el Evangelio de Marcos muestra la dificultad de los discípulos para entender y seguir a Jesús. El miedo se apodera de ellos fácilmente. En el momento de la pasión y la cruz se desbandan. ¡Es el fracaso total del discipulado, como quizás no lo muestre ningún otro Evangelio!

En ese momento de silencio vacío, de ausencia… aparece una figura hasta ahora desconocida, la de José. Cuando todos los nombres que hasta ahora recorrían el camino de Jesús se han desvanecido, alguien se hace presente para realizar un gesto de discípulo. En el peor de los momentos, cuando la muerte parece haber tenido la última palabra, alguien ha elegido el amor.

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La audacia de José es quizás el primer signo de la resurrección. La fuerza transformadora de la Pascua manifiesta un primer fruto en este acto. No está todo perdido: alguien ha querido seguir adelante.

Podríamos pedirle a José que interceda entonces para que nosotros también podamos seguir amando en esos instantes de muerte, perplejidad y desazón.

Acercarse al fuego

lleno de sed, hecho jirones el anhelo

capitular los proyectos

hacerse ofrenda

en la hoguera silenciosa

de cada día

donde el amor sacrifica

donde se está gestando

tu vida y tu promesa

Un tiempo favorable

Los griegos tenían dos palabras para describir el tiempo. Una es cronos, que es el tiempo normal, que transcurre de un momento a otro. La otra es kairós. Quiere decir “tiempo favorable”, “momento oportuno”. Cuando Dios se hace presente comienza un verdadero kairós. Se abre una oportunidad, una ventana que da al tiempo (y a todo lo que se vive en este tiempo) una densidad nueva, distinta y profunda.

Cada tanto uno percibe que está en un kairós. Como un destello en el horizonte, o un impulso de generosidad dentro de uno. Creo que sobre todo lo percibimos porque se mezcla dentro nuestro una rara combinación de miedo y audacia, de entusiasmos y perplejidad… pero supongo que así es siempre que el misterio irrumpe en nuestra vida.

Hay que estar atentos a esos espacios de kairós. Y no dejarlos pasar.

viernes, junio 19, 2009

Escuchando a Madeleine Peyroux


Un amigo de mi viejo me recomendó a Madeleine Peyroux... y la verdad estoy fascinado. Me hace acordar mucho a Billie Holliday. Dulce y melancólica, como buena cantante de jazz. No soy un tipo muy jazzero (me inclino más al soul y al blues), pero creo que hasta al más lego en la materia le hará bien degustar un par de sus temas.

viernes, junio 05, 2009

Otro poema de e. e. cummings

Sigo leyendo a cummings (¡ardua tarea!). Pero entre muchos poemas que todavía se me hacen arduos (por los numerosos juegos de lenguaje y tipografía que hace cummings), encontré este que me gustó mucho. Es una descripción patética del mundo, pero tiene una última línea que redime todo, una última estrofa que gira todo al mostrar que frente a lo que se derrumba y cae la respuesta... es levantarse y cantar. Aquí el poema:

now does our world descend
the path to nothingness
(cruel now cancels kind;
friends turn to enemies)
therefore lament,my dream
and don a doer's doom

create is now contrive;
imagined,merely know
(freedom:what makes a slave)
therefore,my life,lie down
and more by most endure
all that you never were

hide,poor dishonoured mind
who thought yourself so wise;
and much could understand
concerning no and yes:
if they've become the same
it's time you unbecame

where climbing was and bright
is darkness and to fall
(now wrong's the only right
since brave are cowards all)
therefore despair,my heart
and die into the dirt

but from this endless end
of briefer each our bliss--
where seeing eyes go blind
(where lips forget to kiss)
where everything's nothing
--arise,my soul;and sing

Pero de este fin sin fin
donde cada una de nuestras dichas es más breve--
donde ojos que ven enceguecen
(donde labios olvidan besar)
donde todo es nada
-- levántate, alma mía; y canta


Cantar frente a lo que se derrumba
no es silbar en la oscuridad;
es descubrir que aún en medio de un mundo roto
hay brotes de vida, posibilidad
de cambiar, de encontrar sentido y luz.
Es descubrir que uno
sigue teniendo fuego en las entrañas
y por eso
hay que seguir andando...


domingo, mayo 31, 2009

Hace un par de años, viendo la película In her shoes, con Toni Colette y Cameron Díaz, quedé deslumbrado por un poema de e. e. cummings (él firmaba así, en minúsculas) que se recita sobre el final. Después de un tiempo de búsqueda, cayó en mis manos su poesía completa, de lectura difícil pero enriquecedora. Dejo acá el poema de la película. ¡Tal vez entusiasme a otros a leerlo!

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i carry your heart with me

i carry your heart with me(i carry it in
my heart)i am never without it(anywhere
i go you go,my dear; and whatever is done
by only me is your doing,my darling)
i fear
no fate(for you are my fate,my sweet)i want
no world(for beautiful you are my world,my true)
and it's you are whatever a moon has always meant
and whatever a sun will always sing is you
here is the deepest secret nobody knows
(here is the root of the root and the bud of the bud
and the sky of the sky of a tree called life;which grows
higher than the soul can hope or mind can hide)
and this is the wonder that's keeping the stars apart
i carry your heart(i carry it in my heart)
ee cummings

jueves, mayo 21, 2009

Un texto de John Bunyan

... sobre el ser peregrino (si mi estimado Juan Ignacio lo lee, probablemente le guste).

Who would true valour see,
Let him come hither;
One here will constant be,
Come wind, come weather
There’s no discouragement
Shall make him once relent
His first avowed intent
To be a pilgrim.

Whoso beset him round
With dismal stories
Do but themselves confound;
His strength the more is.
No lion can him fright,
He’ll with a giant fight,
He will have a right
To be a pilgrim.

Hobgoblin nor foul fiend
Can daunt his spirit,
He knows he at the end
Shall life inherit.
Then fancies fly away,
He’ll fear not what men say,
He’ll labor night and day
To be a pilgrim.

Déjame volver, Señor.
Estoy cansado.

El pecado me cansa y me agobia. Sólo tu amor me dará reposo.

Despierta en mí el recuerdo de tu gracia, el anhelo de tu abrazo.

Ya lo siento, de a poco... no puedo negar la fuente, no puedo callar el río que aún ahora fluye.

Me purificas cantando... y conviertes la herida en surco de vida.

Tú me haces volver, Señor, mi Hogar y mi Fuente, mi Abrazo y mi Bendición, mi Todo.

Leyendo al Doctor Místico


Leer a San Juan de la Cruz genera siempre sentimientos encontrados.

Por un lado, la percepción (aguda como pocas veces) de la propia pequeñez y pobreza espiritual. Y eso en sí ya es una gracia.

Pero, como todos los santos, Juan de la Cruz tiene una grandeza que no aplasta, sino que entusiasma y arrastra.
Hoy recordé ese texto de Isaías que dice

"Alguien me grita desde Seír: "Centinela, ¿cuánto queda de la noche? Centinela, ¿cuánto queda de la noche?". El centinela responde: "Llega la mañana y de nuevo la noche. Si quieren preguntar, pregunten; vengan otra vez"." (Is 21, 11-12)


Cada vez que la noche entra en nuestra vida, necesitamos de estos centinelas que nos ayudan a no dormirnos, a mirar la oscuridad de frente, confiando en que la llama del corazón nos irá guiando, y nos mostrará que toda noche es "venturosa", verdadera oportunidad para amar con un amor más puro y ardiente. Personas que nos recuerdan nuestra vocación a lo sublime, lo verdadero... custodios del don de Dios y la dignidad del hombre...

“Oh almas criadas para estas grandezas y para ellas llamadas!, ¿qué hacéis?, ¿en qué os entretenéis?...” (Cántico, Canción 39)

miércoles, abril 08, 2009

Entrar en el misterio de tu entrega, cada mañana. Descubrir una vez más que lo único que tenés para ofrecer, es amor. Dejar que tu ternura me vaya haciendo pan para los otros. Que transformes mi puño cerrado en mano abierta.

Eso te pido para estos días. Ahora sé que sacrificio no es lo que pensaba. Que es alianza, acción de gracias y amor hasta el extremo.

Como decía otro orante, entonces, dame todo eso que no puedo pedirme a mí mismo, porque sólo puedo recibirlo de vos. Sólo puedo quedarme al pie de la cruz, y esperar que de esa fuente surja un amor nuevo para mí y para todos.

Durante mucho tiempo no entendí el sentido del bocado que Jesús le ofrece a Judas durante la última cena. Recientemente, leyendo un comentario del P. Maloney al Evangelio de Juan, se me hizo claro. Es un gesto de comunión.

Aún en el borde de la pasión, cuando la traición es evidente y el rechazo manifiesto para Jesús, su único gesto es ofrecer amor.

Realmente, esto es amor hasta el extremo. Amor loco, como decía Catalina de Siena. Necedad y debilidad de Dios, en palabras de Pablo.

Pero acá es donde se juega todo. Este es el amor que sostiene al mundo, el que se revela pobre y humilde en un pan ofrecido. Es la fuerza de unidad que permite que nuestras divisiones no destruyan todo.

Ahora entiendo un poco mejor porque el documento de Aparecida, con una inspiración genial, dice que la Eucaristía es el centro vital del universo. Sólo un amor así puede salvarnos. Sólo el amor vulnerable puede generar lazos de unidad. A pesar de todo. La eucaristía es ese pan ofrecido, como el que Jesús dio a Judas. La comunión regalada a todos.

martes, marzo 24, 2009

Delante del misterio de la cruz, todo se quiebra.

En el silencio del calvario, nuestras pretensiones de tener siempre razón cesan: Dios ha elegido otro lenguaje y otro modo de expresarse.

Las manos clavadas recuerdan que hasta la acción más pura puede tener su deseo de imponerse y aplastar: el amor en algún momento se detiene y se entrega sin forzar.

La desnudez herida muestra que el camino del amor se despoja inclusive de la propia piel para acercarse al otro.

Y el costado abierto es el lugar de la revelación, es la máxima paradoja: la herida vivificante, el hueco que se convierte en hogar, la muerte hecha vida para todos. Para mí. Para vos.

Romano Guardini decía que el primer movimiento del amor es bajar los brazos. Es la condición indispensable para el encuentro: permitirse la vulnerabilidad, bajar las defensas… renunciar a todo intento de aferrar y retener. Es uno de los mayores riesgos, pero es también el único modo de vivir una vida verdadera.

No es fácil, ciertamente, por eso muchas veces nos conformamos con los sucedáneos del amor: el control, la obsesión, la sobreprotección. Supongo que en general, lo que nos pasa es que no aceptamos un amor puro: lo mezclamos con un poco de estos reemplazos.

Pero si el amor es verdadero, lleva dentro de sí la semilla de su resurrección… y va de a poco despejando todo hasta emerger plenamente en nosotros. Es la hora de la luz y de la alegría, cuando el abrazo es verdadera libertad, es estrechar los brazos pero a la vez hacer espacio al otro.